Michaël Borremans

 Michael Borremans @

WHISTLING A HAPPY TUNE (2008) es el título de una publicación que recoge la última obra dibujada de Michaël Borremans (1963, Geraardsbergen). Como podemos comprobar por el título no vamos a sacar una información clara sobre los contenidos temáticos o sobre las técnicas empleadas por el autor. Sin embargo, es fiel a las tácticas  de aproximación a lo real de Borremans, es tan ambiguo como lo que nos espera en cada una de sus dibujos, sólo al final del recorrido, comprobamos que efectivamente este título se corresponde con la ironía que subyace a ese “mundo feliz” representado por las realidades ilusorias  de su obra.
Como primera aproximación podemos afirmar que los  dibujos de Borremans reflejan la cultura de masas contemporánea. Parece que sus pequeños dibujos tratan de enfrentar al espectador cara-a-cara con las “ilusiones históricas” que subyacen en la sociedad actual, aludiendo al engaño y la indiferencia del mundo que nos rodea. 
Su trabajo se relaciona por tanto, con las ilusiones que percibe a su alrededor, las ilusiones acerca de las opciones políticas, la libertad personal y la capacidad del individuo para actuar en este mundo complejo. Para ello, imprime a sus dibujos de una estética seductora y un cierto grado de provocación con el fin de comunicar mejor esta sensación de ilusión al espectador y con la mayor claridad posible, si es que “claridad” es un término lo suficientemente claro, pues en la obra de Borremans hasta lo más evidente deja de serlo. 

Las referencias explícitas a la historia del arte y las tradiciones culturales juegan un papel muy importante en esto. Sus dibujos incluyen una variedad de géneros como el retrato, el busto escultórico, la máscara de la muerte y el monumento, refiriéndose también, a aquellos lugares donde se muestran las obras de arte, como el estudio, el museo o el espacio público., Reflexiona también sobre las diferentes formas de “puesta en escena” que fueron desarrollados en el curso de la historia del arte reciente: el diorama en el siglo XIX, la fotografía antes de la era digital, y las proyecciones de vídeo de gran tamaño que uno encuentra en la actualidad.
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La cuestión de la realidad y la ilusión subyace en las temáticas empleadas por Borremans, como ya hemos indicado, manifestando su carácter más ambiguo e inconsistente a través de sus dibujos. Una y otra vez se preocupa de la distancia entre lo que llamamos la realidad -lo que está ahí afuera- y la ficción o la narración imaginaria de la que se ocupa el arte. 
Esta relación entre lo real y lo imaginario se expresa también en la propia percepción que Borremans tiene de sus dibujos, tratándolos como una especie de propuesta de intervenciones o de instalaciones en el espacio público.
Sin embargo, la ejecución de estos elaborados estudios preliminares, nunca alcanzarán la fase de inserción en la realidad. Dado que invariablemente las intervenciones públicas las ve como “actos de agresión” y prefiere ajustarse al “límite” que impone la ejecución de un modelo dibujado. El trabajo con esta táctica de realizar dibujos como proyectos latentes, permite a Borremans, proteger la muy delgada línea entre la realidad y la ficción tan característica de su obra y para conseguirlo el tiempo y la historia desempeñan un papel crucial.
Borremans hace un uso regular de las primeras fuentes de las imágenes en la que basar sus dibujos. En la mayoría de los casos son fotografías del siglo XIX, revistas y libros ilustrados de los años treinta a los años cincuenta, y las fuentes más recientes, tales como películas, telenovelas y series de televisión, que encuentra ya sea en su forma original o en Internet. Otra fuente fértil es su fascinación por el kitsch, caracterizado por las figuras de porcelana que adornan las ventanas de muchas casas de Flandes. Borremans utiliza imágenes que están disponibles en cantidades masivas, en busca de sus propios temas, -puede por ejemplo mostrar la ropa y la peluquería de moda de otra época, lo que hace que el trabajo aparezca de una manera retrospectiva- y trata de cerrar la brecha entre la conciencia de un pasado histórico, una tradición cultural y los problemas de la actualidad.
En cuanto a la forma y el estilo, los dibujos de Borremans evolucionan muy lentamente, mostrando la influencia de su formación en el grabado, técnica que exige desarrollos largos en el tiempo de ejecución. Cada dibujo es meticulosamente compuesto, y el artista vuelve una y otra vez sobre el papel, a fin de continuar la corrección y profundización capa por capa. Este trabajo cauteloso, revela la afinidad de Borremans con la tradición del norte de Europa, de la pintura en miniatura y los dibujos de los viejos maestros. En cuanto al contenido subyacente de estas opciones formales, también muestra raíces en la tradición de la pintura belga. Al igual que el trabajo de sus compatriotas, James Ensor, Félicien Rops, René Magritte y Thierry de Cordier, la mano de Borremans revela la tendencia surrealista para evitar asociaciones lógicas. 

El uso de los materiales confiere a sus dibujos un aspecto intuitivo, semiacabado y proyectual, que los hace muy sugerentes. Se utiliza casi cualquier tipo de material como apoyo para su trabajo, sobres abiertos desgarrados (con sellos de correos aún adherida), tapas arrancadas de libros, viejas fotos, páginas de calendarios, restos de imágenes, etc. Cada soporte tiene su propia historia que es revelada por las huellas externas del mismo y que el artista al incorporarlas al dibujo las pone en evidencia y son magnificadas. La elección de este tipo de materiales hace hincapié en el hecho de que las obras no han crecido de la nada, y que no pueden ser plenamente comprendidas únicamente sobre la base de lo que en ellas hay dibujado. 
La edad y la estética de las fuentes de imágenes también parecen ser transferidos a sus dibujos por medio de los colores. Sus matices típicos “antiguos” de tonos marrón y gris son adecuados para dotar de una pátina que siempre es inherente al material utilizado para el soporte. Con la excepción de gouache y pintura de aceite (a la que siempre añade una pátina), Borremans generalmente dibuja con lápiz, acuarela y tinta blanca, siendo un número muy pequeño los dibujos realizados sólo con lápiz.

Termino con un reflexión final que me parece que a todos nosotros como artistas nos conviene tener presente en nuestro trabajo diario.  A primera vista los pequeños dibujos de Borremans parecen simples, convincentes y realistas. Nada podría ser menos cierto. Debajo de estas imágenes aparentemente claras, se encuentra contenido un mundo que se manifiesta impresionante, confuso y extraño, provocando una sensación de perplejidad y ambigüedad en el espectador, que paradójicamente hace aumentar su confusión cuanto más detenidamente observa estos dibujos.

Fuente: Antonio Rabazas

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